En un entorno empresarial cada vez más dinámico, la productividad ya no se trata solo de hacer más en menos tiempo, sino de avanzar con dirección clara y propósito. Aquí es donde herramientas como los KPI (Indicadores Clave de Desempeño) y los OKR (Objetivos y Resultados Clave) se convierten en aliados estratégicos. No medir es navegar a ciegas. Medir con claridad es avanzar con inteligencia.
¿Qué es productividad en el contexto organizacional?
La productividad organizacional implica generar valor mediante el uso eficiente de recursos, tiempo y capacidades humanas. Es un equilibrio entre eficiencia operativa y efectividad estratégica. No basta con hacer más, hay que hacer lo correcto.
Un equipo puede estar todo el día ocupado en tareas, pero si esas tareas no están alineadas con los objetivos estratégicos, no hay avance real. Ser productivo implica actuar con foco, medir impacto y ajustar el rumbo cuando sea necesario.
Lo que no se mide no se puede gestionar. La medición nos permite identificar cuellos de botella, oportunidades de mejora y celebrar logros reales. Además, genera accountability y permite alinear equipos.
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KPI (Key Performance Indicators): son métricas específicas que nos permiten hacer seguimiento al rendimiento de procesos clave. Por ejemplo: tasa de retención de clientes, NPS, cumplimiento de SLA.
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OKR (Objectives and Key Results): son marcos estratégicos que combinan metas ambiciosas (el qué) con resultados medibles (el cómo sabremos que lo logramos). Por ejemplo: “Mejorar la experiencia del cliente” con KR como “Incrementar NPS de 65 a 75”.
Cuando los equipos comprenden y se apropian de sus KPI y OKR, aumentan su compromiso, foco y capacidad de autogestión. Las conversaciones dejan de ser subjetivas y se basan en datos. El liderazgo también se fortalece al tener visibilidad clara de lo que funciona y lo que debe ajustarse.

Gonzalo Zepeda
Gerente de Operaciones